Danza contemplativa


“El alma tiende hacia el cielo, mientras nuestros pies están anclados firmemente en el suelo. Se establece un puente entre el cielo y la tierra”.

La Danza Contemplativa es una humilde respuesta al Amor, a la Fuente que nos habita.

Es también la expresión de lo que se mueve en el interior humano. Unas veces es una acción de gracias, otras una petición, en otras aparece la humildad, el abandono, el saberse sagrado… todas las actitudes del que se sabe transcendido, inundado de Alguien que es más grande que sí mismo.

En la danza contemplativa el alma bendice continuamente al hermano, a la hermana. Se inclina ante su sacralidad. Se admira del Misterio que es la otra persona. Su limitación es transcendida y puede verse en último término quién es la persona que tengo al lado, hijo e hija de un mismo Dios.

La danza es un anuncio de la alegría, la paz, las relaciones de igualdad, de respeto y de hermandad a que estamos llamados/as. Es nada más que un pequeño laboratorio donde se practican nuevas actitudes que después pueden trasladarse a la vida cotidiana. Es un lugar donde beber, alimentarse de la oración y de una forma profunda de relacionarse, desde el corazón.

El paso de la relajación a la meditación profunda y a la oración es una experiencia personal e intransferible. Cada uno lo hace en su momento, a su ritmo. Para unos sucede en la segunda danza, otros han de esperar.

En general las danzas son movimientos sencillos y lentos que se van repitiendo para favorecer su pronta asimilación y poder así profundizar en la experiencia que conlleva. La mayoría se realizan en círculo pero aparecen también otras formaciones espaciales. Se incluyen principalmente tres tipos de danzas:

– Danzas cristianas

– Danzas del círculo meditativas

– Danzas hebreas lentas

Aún cuando su origen tenga lugar en una tradición religiosa concreta, toda persona puede saborear la experiencia espiritual que conlleva. Para ello es necesario reconocer que la Vida es mucho más grande que una misma y poder dirigirse al Amor, la Realidad Primera, la Fuente, la Vida… que está en mí y fuera de mí. Podemos no ponernos de acuerdo en el nombre que damos, pero sí en la experiencia de amor y plenitud. Esto sucede igualmente en otros marcos que nos son familiares: en general, no nos hacemos hindús para practicar el yoga, ni budistas para practicar el zen, pero nos enriquecemos de la experiencia.

Todas las culturas han utilizado la danza como medio de comunicación con aquello que transciende al ser humano, cada una a su modo. Así también las religiones incluyen de una forma u otra la danza.

En la Biblia la costumbre del pueblo hebreo de danzar a Yahvé queda manifiesta en numerosos pasajes. Por ejemplo, tras atravesar el mar Rojo, “María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tamboril y todas las mujeres la seguían con tamboriles y danzando” (Ex 15, 20).

A lo largo de la historia del cristianismo se ha danzado y aún se danza, más frecuentemente en culturas donde el cuerpo es más aceptado y está más integrado como obra amorosa y gozosa del Creador, allí donde la influencia de la dicotomía cuerpo-mente no desprestigió al cuerpo.

Sabemos que danzaba el pueblo, pero que también lo hacían los sacerdotes, monjes y obispos. Así mismo, sabemos de santos y santas que expresaban con el movimiento su fervor hacia Dios. Cuentan así de santa Teresa que danzaba cuando no podía contener el amor que la embargaba, mientras sus hijas la acompañaban con castañuelas o palmas.

Muchas danzas han llegado hasta nuestros días, realizándose en determinadas fiestas, por ejemplo la danza de los Seises en Sevilla con motivo de la Inmaculada Concepción y del Corpus Christi.

Sabemos todo esto por distintos escritos, ya sean de los propios padres de la Iglesia, de himnos, textos ceremoniales, de biografías o cartas de santas y santos… y por decretos que comenzaron a prohibir la danza debido por un lado a abusos como llegar a bailar bajo los efectos del alcohol en torno a tumbas de mártires en los primeros siglos del cristianismo y probablemente también por el concepto del cuerpo como algo pecaminoso y poco elevado.

La recuperación de la danza como expresión religiosa en nuestra sociedad occidental ha tenido mucho que ver con la revalorización del cuerpo en el siglo XX. El cuerpo como lugar de vida, lugar de expresión y lugar de gozo.

En los años 70 judíos mesiánicos, judíos que reconocen a Jesús como el Mesías, recuperan la danza hebrea como expresión religiosa, y en distintos ámbitos cristianos comienza a extenderse. En muchos lugares, personas o colectivos tienen necesidad de expresar su experiencia religiosa a través de la danza:

“Como muchas otras personas, oraba danzando o danzaba orando, de una manera espontánea, improvisada y a solas. Fue el descubrimiento en 1988 de la danza hebrea, de carácter comunitario, lo que me provocó un cambio en mi forma de vivir esta danza oración, permitiéndome abrir, extender y ampliar dicha experiencia. En una Eucaristía un grupo de jóvenes danzaba al hacer sus ofrendas. ¿Por qué orar danzando a escondidas y por qué a solas? Cuando se puede embellecer, transmitir, llenar de paz, reverencia y armonía un lugar y cuando se pueden compartir las miradas, la oración, la acogida con los demás. Para quienes vibrábamos con el movimiento a la vez que con la oración, este cauce era agua fresca. A lo largo de veinte años, fui coreografiando danzas grupales que surgían de experiencias de vida y del encuentro con el Dios de la Vida. Son estas danzas las que ahora transmito. Primeramente poco a poco a través de encuentros de arte cristiano y talleres, de jóvenes fundamentalmente, por toda España. A partir del 2001 intensifico los talleres dirigidos a todas las edades, imparto cursos de formación junto a Carmen Jalón, crece el número de personas que transmiten este modo de orar y se descubrimos su presencia en congresos, jornadas y diferentes encuentros. El nombre de Danza Contemplativa quiere recoger la vía mística del cristianismo pues es una danza que lleva a la contemplación y a la vez el movimiento surge de forma suave, de lo profundo del corazón. De allí donde la persona se encuentra con el Misterio que la habita y queda muda ante su Presencia.”

Victoria Hernández

La Danza Contemplativa recoge su nombre de la vía mística del cristianismo, la Contemplación. Quedar absortos en el misterio de Dios. Donde todo se detiene. Nada se echa en falta. Todo lo plenifica. Las ideas y pensamientos se deshacen ante el Misterio. Saborear lo divino. Una nueva sabiduría surge.

La Danza Contemplativa nace de la tradición católica pero está llamada a no adorar a Dios aquí o allá, con esta tradición o aquella, sino a que el templo sea la propia persona. Y en la intimidad de ese templo, en el fondo de su corazón, adorar al Dios que la habita (Jn 4, 19-24; 1Cor 6,19).

Por tanto, toda persona es sagrada y ante toda persona nos descalzamos porque pisamos terreno sagrado. Orar ante el Sagrario debería llevarnos a orar ante el Sagrario del hermano, de la hermana.

A veces la persona teme, rechaza o ignora que hay una Presencia que la habita. Le invitamos a que se sumerja en sus profundidades y que abra su mirada a sí misma, al hermano y al Misterio de la Vida.

La embriaguez espiritual consiste para el hombre en estar colmado de más dulzura sabrosa y de alegría de lo que su corazón y su deseo pueden desear y contener. La embriaguez espiritual produce muchos extraños efectos. Mientras que unos cantan y alaban a Dios por exceso de alegría, otros derraman abundantes lágrimas en el gozo de su corazón. En otros se manifiesta por una agitación de todos los miembros que les fuerza a correr, a saltar, a bailar.

Ruysbroeck

Jesús nos invita a adorar en Verdad. Por ello es importante aprender a escucharnos, a ser realistas con nosotras/os mismas/os. Es toda la vida que estamos creciendo y dejándonos llenar de la luz que irá iluminando nuestros puntos aún oscuros y donde también está esa Presencia aguardándonos.

Tarde te amé, oh hermosura tan antigua y tan nueva, tardé te amé. Estabas dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba y en mi torpeza me lanzaba sobre las cosas hermosas que Tú creaste. Estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Apartado estaba de Ti por aquellas cosas que de no estar en Ti no existirían. Clamaste y me gritaste para quebrar mi sordera; lanzaste sobre mí relámpagos y rayos de luz y ahuyentaste mi ceguera. Exhalaste tu fragancia, la respiré y ahora suspiro por Ti. Te saboreé, y ahora estoy hambriento y sediento de Ti. Me tocaste y me abrasé con tu paz.

San Agustín.

Lo que empieza en el corazón está llamado a transcender la propia individualidad. Que sea en un contexto laico o de tradición religiosa o espiritual, dependerá de cada persona. El padre Arrupe decía: “No hay nada más práctico que encontrarse con Dios”. Sus consecuencias son impredecibles. La danza contemplativa no pretende quedarse en un éxtasis egocéntrico sino que, como cualquier otro tipo de oración, es un medio para encontrarse con Dios, sentir su amor y después, con la mente clara y el corazón dispuesto, ocupar nuestro lugar en el mundo. Transmitir desde ahí la Buena Noticia que se nos ha dado: con la palabra, la danza, el trabajo cotidiano, la vida familiar, el compromiso político, social… empapándolo todo del amor con el que se nos ha colmado.

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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