Reflexiones del filósofo Lao Tsé


Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.

El hombre realmente culto no se avergüenza de hacer preguntas a los menos instruidos.

Si das pescado a un hombre hambriento, lo nutres durante una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda su vida.

Quien conoce su ignorancia revela la más profunda sabiduría.  Quien ignora su ignorancia vive en la más profunda ilusión.

Paga el mal con el bien, porque el amor es victorioso en el ataque e invulnerable en la defensa.

El alma no tiene secretos que el comportamiento no revele.

El sabio se distingue sin exhibirse. Renuncia a sí mismo y jamás será olvidado.

Quien quiere humillar a alguien, debe primero engrandecerlo.

Cuando me despojo de lo que soy, me torno en lo que podría ser.

Para ganar conocimiento, agrega algo todos los días.

Para ganar sabiduría, elimina algo todos los días.

Las grandes realizaciones son posibles cuando se da importancia a los pequeños comienzos.

El corazón del hombre puede estar deprimido o alterado. En cualquiera de los dos casos el resultado puede ser fatal.

Todo deseo incómodo e inquieto se disuelve en el amor a la verdadera filosofía.

Reacciona inteligentemente aún frente a un trato no inteligente.

La liberación del deseo conduce a la paz interior.

Es fácil borrar las huellas: difícil es caminar sin pisar el suelo.

Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras.

Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad.

No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás.

El que sabe no habla, el que habla no sabe.

Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes.

El sabio no enseña con palabras, sino con actos.

El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla.

Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe.

Lo que le da su valor a una taza de barro es el espacio vacío que hay entre sus paredes.

La perfección del que imparte órdenes es ser pacífico; del que combate, carecer de cólera; del que quiere vencer, no luchar; del que se sirve de los hombres, ponerse por debajo de ellos.

Si no puedes avanzar una pulgada, retrocede un pie.

El valor de un acto se juzga por su oportunidad.

Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte.

Gobierna mejor quien gobierna menos.

El que está satisfecho con su parte es rico.

Todo lo difícil debe intentarse mientras es fácil.

El que todo lo juzga fácil encontrará la vida difícil.

Dios no recibe respuestas con palabras.

La manera de hacer es ser.

Poca fe se otorga a los que tienen poca fe.

Si practicas la equidad, aunque mueras no perecerás.

La excelencia de un gobierno no se juzga por su orden.

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Acerca de Mariloli Ruinervo

Yo misma, aprendiz de todo y maestra de nada
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