Ante la muerte o la enfermedad todos somos iguales


Oigo muchas veces en el taller y también en la calle que las personas que tienen poder o dinero son más felices y no sueles pasarles nada, de todo salen bien. Pero, la vida que es sabia nos demuestra que no es verdad. La enfermedad y la muerte no entienden de dinero o poder porque para ellas somos todos iguales. Diferente es que al tener dinero podamos recurrir a otros médicos u hospitales con más fama, pero al final la enfermedad llega y la muerte nos arropa como hace con todo mortal.

Tanto en un caso como en el otro, es el dolor de la pérdida de una vida, aunque recordemos que la muerte es el final, ninguno, hoy por hoy somos inmortales por mucho que busquemos alargar la vida.

La diferencia que podríamos en todo caso constatar, es que mientras en el llamado primer mundo, las personas ricas o con poder adquisitivo normal, morimos por estrés, alzheimer, comidas basuras, adicciones, enfermedades cardiovasculare o cáncer. En el llamado tercer mundo o incluso en el llamado primer mundo, las personas más pobres o con menos recursos mueren por infecciones por la escasez de higiene, falta de hogar y de comida.

También tenemos que observar que en los países más pobres no llegan a vivir tanto tiempo como para desarrollar las patologías del alzheimer o el parkinson.

Si observamos la historia desde la antigüedad, las diferencias entre ricos y pobres siempre han existido y hemos visto como muchos ricos se han enriquecido gracias al trabajo del obrero al que han pagado una miseria que en muchos casos no les ha llegado para poder vivir con dignidad. Por supuesto, también hemos visto excepciones donde el patrón ha sido más justo y ha pagado salarios para poder vivir con dignidad. Las políticas de la edad moderna hasta nuestros días no han favorecido la desaparición de las desigualdades, sino que las han aumentando. Cada vez los ricos son más ricos y los pobres más pobres.

En las Sagradas Escrituras, AT y NT, nos encontramos que se habla de este tema con mucha asiduidad, sin ir más lejos la parábola de Lázaro y el rico Epulón.  En ella, vemos como Dios nos pide que seamos sensibles ante las desgracias del otro, que no pasemos del dolor ajeno, que seamos capaces de compartir lo que somos y tenemos.

El rico por lógica expone sus bienes y tiene que obtener unas ganancias, pero estás deben ser equitativas y reaprtirlas con las personas que hacen que el negocio funcione gracias a su trabajo diario.

Termino con esta frase de Ghandi que me parece resume perfectamente el tema y además nos recuerda que por mucho dinero que se tenga la muerte no distingue a nadie.

Si el dinero y el poder te hacen arrogante, la enfermedad y la muerte te mostrarán que no eres nada en esta tierra. Mahtma Ghandi

Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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