Los buenos padres


La entrada anterior me la ha envíado una amiga, la he adaptado porque se llamaba “La buena Madre”
Los  buenos  Padres son aquellos que se van volviendo innecesarios con el paso del tiempo.
Ha llegado la hora de reprimir el impulso natural materno/paterno de querer colocar el pichón debajo del ala, protegido de todos los errores, tristezas y peligros.
Es una ardua batalla, cada día.
Cuando empezamos a debilitarnos en la lucha para controlar la supermadre/supermadre  que todos tenemos dentro, debemos acordarnos de la frase del título.

Si realizamos nuestra labor de padres correctamente, tenemos que volvernos innecesarios.
Y antes que algunos padres me acusen de desamor, explico qué es lo que significa eso.
Ser “innecesarios” es no dejar que el amor incondicional de padres, que siempre existirá, provoque vicio y dependencia en los hijos, como si fuera una droga, a tal punto, de que que ellos no sean capaces de poder ser autónomos, confiantes e independientes.

Deben estar prontos para trazar su rumbo, hacer sus elecciones, superar sus frustraciones y cometer sus propios errores también.
Con cada fase de la vida, una nueva pérdida es un nuevo logro; para las dos partes: padres e hijos. El amor es un proceso de liberación permanente, y ese vínculo no deja de transformarse a lo largo de la vida. Hasta el día en que los hijos se vuelven adultos, constituyen su propia familia y recomienzan el ciclo. Lo que ellos necesitan es tener la seguridad de que estaremos con ellos, firmes, en el acuerdo o en la divergencia, en el triunfo o en el fracaso, prontas para el mimo, el abrazo apretado, y el consuelo en los momentos difíciles.

Los padres y las madres, solidariamente, crían a sus hijos para que sean libres. Es ese el mayor desafío y la principal misión.
Cuando aprendemos a ser “innecesarios”, nos transformamos en un puerto seguro donde ellos puedan atracar.

A quien ames, dale:
-Alas para volar.
-Raíces para volver.
-Motivos para quedarse.

Desconozco al autor.

He recordado  un texto que siempre hemos leído mi marido y yo dando cursillos prematrimoniales al hablar de los hijos, es de Khalil Gibrán, libro El Profeta:    HIJOS

Vuestros hijos no son vuestros hijos.

Son los hijos y las hijas  de la vida, deseosa  de sí misma.

Vienen a través vuestro, pero no de vosotros.

Y aunque estén con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor pero no vuestros pensamientos.

Porque ellos tienen sus propios pensamientos.

Podéis abrigar sus cuerpos pero no sus almas, pues sus almas habitan en la mansión del mañana, que vosotros no podéis visitar ni siquiera en sueños.

Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no intentéis hacerlos a ellos como a vosotros.

Ya que la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Sois los arcos por los que vuestros hijos, cual flechas vivas, son lanzados.

El Arquero ve el blanco en el camino del infinito y Él, con Su poder, os tensará, para que Sus flechas puedan volar rápidas y lejos.

Que la tensión que os causa la mano del Arquero sea vuestro gozo, ya que así como Él ama la flecha que vuela, ama también el arco que permanece inmóvil.

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Imagen tomada de la red

 

 

 

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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Muchas gracias por su aportación. Un cordial saludo

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