Educar con co-razón (fragmento)


Sabiduría es la palabra con la que se hace referencia a la “posesión de profundos conocimientos sobre determinadas materias”.

Se aplica también a la “capacidad de pensar o juzgar con prudencia y equidad” y es sinónimo de “noticia” o “conocimiento”.

En torno a la palabra sabiduría se mueven conceptos como erudición, penetración, intuición, ciencia, ilustración, cultura, instrucción o pericia. Desde un punto de vista teológico la sabiduría se refiere al “discernimiento en las cosas de orden sobrenatural”.

La sabiduría se considera “uno de los siete dones del Espíritu Santo”.

La sabiduría solemos referir la al “saber”. Hay un “saber” que es “conocer una ciencia o arte”, tener noticias de algo o de alguien” o “tener conocimientos o habilidad para hacer alguna cosa”.

Y hay un “saber” que es “tener un determinado sabor”.

La sabiduría del “no saber”

Saber es mucho más que conocer, “saber” es “amar mucho”.

Cuando uno comparte lo que sabe, es decir, lo que uno ama, no lo debilita ni lo hace disminuir. El saber que brota y es fuente de amor se expande más cuanto más se comparte y se afianza cuanto más se extiende.

Es el amor el saber más auténtico, la más divina de las sabidurías.

La Sabiduría lo vuelve todo mágico.

La “magia” verdadera no es un truco de ilusionismo sino un estado de conciencia, un modo de ver, acercarse, tocar y transformarlo todo que hace titilar las pupilas de un niño.

Los niños saben muy pocas cosa  pero su alma está recubierta con los visillos de la Sabiduría.

El sabio sabe, en realidad, muy poco: sabe ver cuando mira y oír cuando escucha.

Por eso está abierto y disponible para aprenderlo todo de nuevo.

El sabio no necesita hablar para compartir lo que sabe: todo él es una revelación permanente de un saber “de otra manera”.

El sabio no añade más palabras o ideas sino silencio entre las palabras y las ideas para que así el “conocer” se transforme en “amar”.

El sabio es la forma material y limitada en la que se encarna una Sabiduría ilimitada.

Todos los corazones “sabios” tienden a unirse formando un único territorio en el que los latidos se multiplican, como uno solo, para que también puedan oírlo las estrellas.

José María  Toro  edit.  Desclée De Brouwer, 2005

 

Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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