La Meditación


La raiz de Meditación viene de medicación.

Nuestra  mente puede ayudar a curar, pero necesitamos conocer las herramientas para que sea eficaz.

Meditar, visualizar, tener en cuenta los colores y el entorno son algunos de los recursos a nuestro alcance.
Lo que sentimos, pensamos o creemos tiene una influencia directa sobre la química corporal. Por tanto, las posibilidades de tratamiento van mucho más allá de las pastillas. Cada persona goza de multitud de recursos para curarse por sí misma. Hemos llegado a convencernos de que sin médicos ni medicinas no es posible la curación, sin embargo una herida se cierra sin ayuda de ningún agente exterior y el sistema inmunitario elimina igualmente virus y bacterias.
La mente puede utilizarse de muchas maneras para favorecer la curación. Los ejercicios de visualización son capaces de influir sobre el sistema inmunitario, pero su eficacia parece depender de cuánto se haya trabajado la comunicación entre mente y cuerpo (en realidad, dos aspectos del organismo que no tiene departamentos aislados).

La Meditación es la principal herramienta de trabajo en este sentido. Es el vehículo del viaje interior que potencia el autoconocimiento y la intuición, entendida como voz interior que orienta todo el proceso de autocuración y el camino hacia una vida cada día más plena. Los hallazgos que se realizan gracias a la meditación se traducen inmediatamente en un mayor equilibrio emocional y espiritual.
Meditar es una manera de detenerse, de dedicarse unos minutos de calma y paz que permiten escuchar la propia voz interior. Día a día aumenta la seguridad en las propias capacidades, al mismo tiempo que la certeza de llevar una de acuerdo con las necesidades personales más profundas.
Las cosas que antes causaban confusión, comienzan a tener un sentido. La autoconfianza y autoestima que se encuentran a través de la meditación proporcionan esperanza en la curación.
Es también una forma de relajación, por tanto combate muy eficazmente el estrés, una de las principales causas de enfermedad al debilitar el sistema inmunitario.

• Antes de meditar conviene hacer algunas respiraciones profundas. Primero se respira lentamente durante 5 minutos. Luego se inspira muy despacio por la nariz todo el aire posible, notando como se expande la parte baja de los pulmones. Finalmente, después de un instante de contención, se espira muy despacio por la boca sin contraer el abdomen.
• Se medita en cualquier situación o posición cómoda. En un sillón con los pies elavados o en la cama, por ejemplo. Sólo hay que evitar las interrupciones. Cuando se tiene la suficiente costumbre, es posible entrar en estado de meditación casi en cualquier circunstancia, como en un autobús o en un banco en un parque.
• Meditar no es dejar la mente en blanco, libre de todo pensamiento mientras se está quieto y se espera que suceda algo, como cree erróneamente mucha gente. Cuando se intenta meditar por primera vez, la mente no se queda en blanco, sino todo lo contrario. Los pensamientos surgen y llaman la atención en todas direcciones. El ejercicio de meditación consiste en primer lugar en observar la cadena de pensamientos y emociones como si no fueran propios. Hay que esforzarse por dejar que fluyan, que vayan por donde quieran. Luego, una vez relajados, se puede realizar una visualización.
• Al principio, el fluir de los pensamientos parece caótico, pero con el paso de los días se reconoce su sentido. Si se eliminan las barreras mentales y emocionales, desde la propia sabiduría se examina la maraña de pensamientos y se encuentran unas constantes. Así, la voz interior tiene la oportunidad de ser reconocida durante la meditación para que sirva de guía.
• Conviene empezar con sólo un minuto al día, hasta llegar a los diez minutos diarios. Después de comer es un buen momento para “cargar las pilas”. En cambio, es mejor no meditar cuando se está cansado o somnoliento. La meditación puede formar parte de la rutina diaria, como lavarse los dientes.
• La práctica hace al maestro. Cuanto más se medita, mayor es la capacidad de concentración y más importantes los resultados que se obtienen. Es posible que se realicen hallazgos desagradables, que se deban reconocer errores o debilidades, pero siempre vale la pena.
• La meditación ayuda a reconocer la alegría, el amor y el humor como aliados en la prevención de la enfermedad, pues son necesidades espirituales básicas. La armonía con los demás va de la mano con la satisfacción con uno mismo, sin sentir la obligación de adaptarse para encajar. Esta adaptación significa a menudo una limitación excesiva de las posibilidades personales.

meditar paseando

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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Una respuesta a La Meditación

  1. Pingback: Sensaciones en la meditación | "El Taller de la Serenidad"

Muchas gracias por su aportación. Un cordial saludo

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