A Dios rogando y con el mazo dando


Voy a empezar el tema diciendo un poco el significado de orar, miedo y enfermedad.
¿Qué es orar? Porque muchas veces creemos que orar es una fórmula mágica, que cuando decimos “abra cadabra pata de cabra…” el problema ya está resuelto.
¡Eso no es orar! Orar es simplemente decir: “Aquí estoy Señor, hágase tu voluntad”. Orar es tener amistad con Dios, hablar con Dios, cercanía con Él, pero siempre buscamos fuera lo que llevamos dentro. Para que se dé el encuentro personal, debemos buscar momentos de silencio, de interioridad. Lo vemos en María cuando en esa oración tan bella como es el Magnificat, “Proclama mi alma la grandeza del Señor…”
La oración no tiene recetas, pero debemos tener presente que la oración es experiencia personal, también podemos decir: “Señor, enséñame a orar” Lc 11,-1. O como decía Santa Teresa: “Orar es hablar de amor con alguien que nos ama”.
En lugar de interrelacionarnos con Él, preferimos buscar fuera, invocamos a S. Judas, S. Pancracio, Fray Leopoldo, el arcángel Gabriel, etc. Hacemos novenas, triduos a infinidad de advocaciones a Cristos y Vírgenes, aparte de una retahíla de santos. Buscamos atajos y nunca vamos por el camino correcto, ¡directos al Padre o al Hijo! En el evangelio se nos dice:
• “Pedid y se os dará” Mt. 7,7-12,
• Él sabe antes de que le pidamos lo que necesitamos, Mt, 6,7-8.
Entonces, ¿para qué pedir, si Él sabe lo que necesitamos? Pues porque como todo padre él no quiere entrometerse, Él quiere que le pidamos, le digamos aquello que necesitamos, porque no quiere quitarnos nuestra libertad. Libre nos hizo y así quiere que sigamos.
Pero si lo miramos desde otra óptica, veremos que al pedir soltamos, sacamos al exterior aquello que nos corroe, nos preocupa. Pero para que Él nos escuche la petición debe partir de nuestro corazón y aún así no debemos esperar que siempre nos de aquello que pedimos.
No me voy extender más en lo que es orar.
¿Qué es el miedo? Es una de nuestras emociones primarias que en muchas ocasiones nos ayuda a mantenernos a salvo y vivos y otras es limitante porque no nos deja avanzar.
EL miedo puede ser real o imaginario, por lo tanto debemos aprender a distinguir uno de otro. Forma parte de nuestra vida, tenemos miedo a la enfermedad, a la pérdida de bienestar, al trabajo y a otras muchas cosas. Queremos renegar de él, pero esto muchas veces hace que persista.
La salud y la enfermedad son parte integral del ser humano. Se entiende por enfermedad la pérdida de salud.
Pero no todas las personas llevan la enfermedad de la misma forma. Por eso se dice que no hay enfermedades sino enfermos.
Bien, la enfermedad no es un bien a invocar, sino un mal a superar, un mal que se puede transformar en fuente de bien. La enfermedad es una historia personal que viene influida por los genes, el ambiente y lugar donde vivimos.
Hoy vivimos más tiempo, pero a partir de los cincuenta raro es la persona que no tenga algún problema de salud.
Los enfermos antes se cuidaban en el hogar y se dejaban cuidar, quizás porque no tenían cultura sanitaria, las familias se avergonzaban de las personas con minusvalías o enfermedades como la esquizofrenia, cáncer, etc.
Hoy al trasladarse el enfermo al hospital, adquirir más cultura sanitaria, las personas temen más al dolor y a la soledad.
Muchos enfermos no quieren al hospital porque un hospital sin humanidad es como un matrimonio donde no existe el amor.
La falta de relación entre médico-paciente-familia, hace que el enfermo se encuentro sólo y los familiares a su vez no se sienten informados sobre lo que le pasa al familiar.
Por lo tanto lo ideal trabajar en equipo médico-enfermeras-enfermo-familia.
Bien, entonces la oración en este contexto ¿de qué nos sirve?
Es importante no perder de vista el mandamiento del amor:
• “Amarás a tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo” Lc. 10,27
Este amor tiene tres dimensiones, amar a Dios, al prójimo y a uno mismo.
Hay un adagio que dice:
• Fui a buscar a mi Dios y no lo encontré, fui en busca de mi prójimo y no lo encontré. Entonces fui en busca de mi mismo y me encontré con los tres.
Cuando amamos a Dios, al prójimo y a nosotros mismos, nos encontramos con las dimensiones siguientes:
• Física: con todas las fuerzas
• Intelectiva: con toda la mente
• Emotiva: con todo el corazón
• Social: con toda la familia y amigos
• Espiritual: con toda el alma

• En la dimensión física intentamos y creemos que siempre vamos a tener un cuerpo joven y sano. Hoy la sociedad es lo que nos vende y esto hace que nos resulte difícil vivir con un cuerpo viejo y enfermo.
• En la dimensión Intelectiva estamos convencidos de que la experiencia es la mejor maestra. Pero ante la enfermedad no hay maestras, sino que cada uno es según su experiencia maestro de sí mismo. Cuando enfermamos queremos información, saber más, porque se produce, como se cura, quien nos puede ayudar. Un buen equipo tratara de responder, respetar y ayudarle en todo lo que pueda.
• En la dimensión emotiva se ha avanzado mucho gracias a la psicología y la pedagogía, pero cuando el sufrimiento llama a la puerta siempre surgen las mismas preguntas: ¿Por qué a mí?, estoy desanimado, preocupado… Todo esto genera ansiedad, miedo y el enfermo tiene que expresar sus emociones y sentimientos ante una situación que no sabe si será reversible.
• En la dimensión social el enfermo se ve impedido temporalmente o para siempre de sus facultades en el ejercicio de lo cotidiano. Las amistades aunque están ahí, siguen haciendo su vida, mientras que el enfermo ve mermada su calidad de vida y en muchas ocasiones sus relaciones con otras personas. Es bueno que el enfermo siga manteniendo sus amistades, sus relaciones afectivas porque esto le ayudará a sanar o en su caso a llevar mejor la enfermedad.
• Y llegamos a la dimensión espiritual en lo más hondo del ser humano hay un deseo de relacionarse con Dios, de comprender los acontecimientos de la vida. Pero en muchos casos en lugar de acercamiento hay distanciamiento porque el dolor y el sufrimiento hacen que sentemos a Dios en el banquillo de los acusados. Cuando la enfermedad es un camino de búsqueda, de encuentro, de presencia de Dios en el mundo del dolor y la enfermedad. Hay personas que encuentran alivio en los familiares, otras se refugian en Dios y encuentran la fuerza para transitar por este camino que es la enfermedad, otros en el silencio, otros en la protesta.

El sufrimiento es un laberinto y cada persona debe encontrar el centro del mismo o la salida.

Cuando el enfermo tiene estas dimensiones bien integradas el camino del dolor se le hace más llevadero. Pero no perdamos de vista que cada enfermo es un mundo, y este tránsito que es la enfermedad no es igual para todos unos la vivirán desde la aceptación y otros desde la protesta y buscando culpables.

La doctora Elizabeth kubler-Ross Psiquiatra en cuidados paliativos y especialista en enfermedades terminales resume de esta forma su experiencia con estos enfermos al saber que tienen una enfermedad sin solución:
• La negación o rechazo, la cólera o rebeldía, el pacto o lucha, resignación que muchas veces acaba en depresión, aceptación y algunos desesperación al ver que no hay solución.

La enfermedad para todos con cura o sin ella es un huésped incómodo que nadie quiere.
Ante estas realidades el enfermo busca siempre el silencio, el encuentro con alguien que le explique y lo acoja o busca una realidad más trascendente como es Dios. En Él se refugia, busca el consuelo y va pidiéndole la curación, cuando ve que esta no llega empieza a aceptar la situación y sólo le pide que aleje el dolor, el sufrimiento que lo que tenga que ser sea rápido. Encuentran en la humanidad de Dios la certeza de que no están solos. También descubre esto Jesús en la cruz cuando clama: “Abba” (Padre) aparta de mí este cáliz”,
• Lc. 22,39, Mt. 26,36, Mc. 14, y en Juan cap. 18 . Confrontar en el A.T. al profeta Isaías 51:17,22 ¡Despierta, despierta! Levántate, Jerusalén, tú, que has bebido de la mano del SEÑOR la copa de su furor, que has bebido el cáliz del vértigo hasta vaciarlo.
• profeta Jeremías 25:15
Porque así me ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envío.
¿Qué es la enfermedad? Es nuestro maestro interior, una oportunidad para organizar nuestra propia vida a nivel físico, emocional, mental y espiritual.

Pero tengamos presente que lo que enferma es el cuerpo físico, el espiritual o alma no. Si lo comparamos con un coche, enfermería el coche, pero no el conductor.
La enfermedad es la resistencia del cuerpo a aceptar que no está sano.
Un gran porcentaje de nuestras enfermedades son emocionales. Emociones o sentimientos que no hemos expresados, están reprimidas en nuestro interior. Y la mayor de las enfermedades es la falta de amor.
• “Los cementerios están de héroes llenos” Tenemos que aprender a cuidarnos, saber nuestros límites, superarlos si es posible, y sino simplemente reconocerlos y aceptarlos porque si no nuestro cuerpo se resiente.
La emoción que más nos ayuda a tener salud es la alegría. Un exceso de alegría también es contraproducente, nos puede provocar ansiedad y vivir lejos de la realidad. La tristeza aunque nos ayuda a expresar sentimientos y plasmarlos en poesía, puede llevarnos a sufrir depresión, desgana, apatía, pero se han hecho enfermedad porque no hemos sabido expresarlas.
Deberíamos ser capaces de dejar fluir tanto la alegría como la tristeza, canalizarlas y saber integrarlas en nuestra vida
Es difícil, fácil no es. Las principales emociones son el amor y el miedo. Integrarlas en nosotros hará que estemos más tiempos sanos.
La mejor forma de tener salud es crearla. ¿Y cómo se hace? Reconociendo los síntomas. Cuando nos conocemos bien, sabemos captar que nos está pasando.
Pero cuando la enfermedad aparece sólo nos queda aceptarla, somos humanos, como ya hemos comentado somos mortales, no inmortales, nuestra vida hoy gracias a nuestro cuidado, el avance de la medicina y también la medicina alternativa hace que vivamos más tiempo y con una calidad de vida bastante buena. También hay que tener presente nuestros genes y el medio ambiental.
Conocemos personas que se han cuidado, han tenido una vida ordenada tanto en lo físico, psíquico y espiritual y sin embargo han enfermado.
Enfermar no es un fracaso, es un camino, un camino que nos lleva a vivir más mirando a nuestro interior, para ello, tenemos que dejar de sufrir, porque el sufrimiento es un camino estéril e inútil.
Busquemos dentro, vivamos nuestra propia compañía, meditemos, oremos, disfrutemos también de los momentos gozosos con nuestra familia y amigos. Esto es esencial para la vida, para ser felices.
El cuerpo es el instrumento, pero la vida está en el alma, en el espíritu y éste no enferma, ni muere.
Por todo ello, la clave está en amarnos a nosotros mismos, al prójimo y a Dios. Tenemos que aceptarnos como somos, transformar aquello que podamos mejorar y lo que no aceptarlo.

  • ¿Entonces porque oramos?:
    • Porque la oración en el contexto de la enfermedad nos ayuda a aceptar la realidad que tenemos
    • Nos encontramos con Dios o con alguien superior a nosotros que nos escucha
    • Porque compartimos nuestros miedos, angustias e inquietudes desahogándonos y sacer de nuestro interior el abatimiento y todo el peso de la enfermedad
    • En otros casos es una tabla a la que nos agarramos para no ver la realidad de nuestro cuerpo mortal
    • La enfermedad en algunas ocasiones nos aleja de Dios y en otras nos acerca más
    • Afianza nuestra fe, bien esperando la curación, aceptando la voluntad de Dios en nuestra vida o fe en que la muerte es la liberación infinita. Es volver a Dios de quien un día partimos.
    • En Jesús encontramos alivio y consuelo (Mt. 11, 28-30)
    • Nos ponemos en manos de Dios con total confianza, en Él encontramos las fuerzas necesarias para avanzar en este camino de dolor (2º Corintios 1,3-5)
    • Orar nos ayuda a mejorar nuestros pensamientos, dándonos confianza y recuperando la energía.
    • Nuestra actitud de confianza en la oración nos ayuda a mejorar positivamente.
    • El perdón también nos acerca a la sanación. Porque la Misericordia es el arte de sanar a las personas.

Tengamos presente que la oración es crecimiento espiritual. La expectativa aquí seria:
• “Señor, te agradezco estos momentos de cercanía hacia ti, y acepto tu voluntad ante la realidad de mi enfermedad”

Por eso el título de esta charla “A Dios rogando y con el mazo dando”, porque en Él vamos a encontrar paz, armonía, tranquilidad y fortaleza.

No busquemos magia, Dios pone a nuestro alcance la medicina, tanto la tradicional como la alternativa, nos da el apoyo de la oración, la cercanía de los familiares y amigos y lo más importante su amor incondicional ante estos momentos difíciles de asumir y aceptar.
Él es el mejor acompañante que tenemos en estos momentos, es el cirineo que nos ayuda a llevar la cruz.

Bibliografia utilizada:    La Santa Biblia, La enfermedad como camino, La inutilidad del sufrimiento, Girasoles junto a sauces, La Rueda, y material de la pastoral de la Salud.

Dios

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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4 respuestas a A Dios rogando y con el mazo dando

  1. Catalina dijo:

    Es un tema muy importante y en especial para todos los enfermos que tenemos una enfermedad
    crónica es bueno saber que Dios es nuestra compañía y el depositamos nuestra confianza.

    Me gusta

Muchas gracias por su aportación. Un cordial saludo

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