El ciego Manolo


En una ciudad vivía un hombre que era ciego. Una noche sin luna, ni estrellas, caminaba por las calles oscuras llevando un quinqué encendido.

Al doblar un esquina de la calle se encuentra con un amigo que al verlo con la luz, le pregunta:
¿Dónde vas Manolo, con un quinqué? Si tú eres ciego.
Manolo le responde: “Yo no llevo el quinqué para alumbrar mi camino. Gracias a mi memoria, conozco perfectamente las calles. La luz que porto es para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí…
¡Qué hermoso sería que todos los que se crucen con nosotros encontrasen la luz!

Dedicado a mi amigo Manolo Angulo, un ciego con mucha vista.

Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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