Habichuelin


Era una habichuela tan pequeña que la llamaban “Habichuelín”, era regordeta y la nariz algo alargada. Iba al colegio con el resto de sus compañeras habichuelas. Como estudiante era extraordinaria, aparte de ser buena amiga, cariñosa con los animales y con sus mayores. Pero lo que realmente le gustaba era hacer muñecos con las migas de pan que tiraban los humanos.

Habichuelín sufría porque sus compañer@s de clase se metían constantemente con ella, y le tiraban pequeñas piedras que la hacían llorar.

Un día harta de que los demás se metieran con ella, decidió encerrarse en su habitación, en la que tenía un canario que cantaba canción lirica estupendamente. Cogió miga de pan y decidió hacer un ángel volador. Cuando terminó el muñeco estaba precioso y dijo:

-¡Qué bien si pudieras hablar y ser mi mejor amigo!

De pronto el ángel con cara divertida le dijo: ¡Hola, Habichuelín! si quieres seremos amigos y viajaremos juntos por las estrellas, pues los ángeles no podemos estar mucho tiempo quietos, sino nuestras pequeñas alas se atrofian.

Habichuelín no podía creerlo, su ángel de miga de pan hablaba, se restregó los ojos con sus manitas, y volvió a mirar. Allí estaba su creación esperando su respuesta.

-¿Te atreves?

-Sí- aunque todavía seguía sorprendida.

Habichuelín no podía creerlo, estaba volando, ¿estaré dormida? pensó.

Pero no, estaba despierta y bien despierta, el aire frio acariciaba su cara. Ella agarrada al ángel, no se atrevía a mirar hacia abajo.

-Oye, Habichuelín, yo me llamo Bondad y como ves también soy pequeñito, por eso todos me llaman “Pequeñín”.

Si prestas atención, verás como también a otras personas les llaman con diminutivos en lugar de usar su nombre, pero esto no es malo, es más bien una forma cariñosa, aunque a veces nos alteramos y esto hace los demás sigan haciendo bromas.

Después de estar un rato volando por el cielo, llegaron a una estrella donde se pusieron a observar como se fabricaban los niños pequeños. Allí había un ángel que con una habilidad sorprendente miraba mapas, veía que papas no tenían niños y rápidamente le adjudicaban uno.

Otro ángel con amor y rapidez bendecía a los pequeñines y los introducía en la barriga de las mamas, sin que estas se dieran cuenta, mientras amorosamente se abrazaban a sus esposos.

Partimos y fuimos a otra estrella, en ésta un grupo de ángeles encuadernaban libros, y otros ponían en su interior las letras una a una.

En otra estrella más apartada llegaban los pájaros que surcaban el cielo y llevaban noticias: en el sur hace falta más agua, en el norte debería lucir más el sol, en el oeste hace muchísimo frio, en el este se hace de noche con demasiada prontitud.

Habichuelín se extraño de un pájaro un poco más grande y veloz que los demás, que volvía al poco de haber partido y así sucesivamente.

Pequeñín le dijo que este pájaro era el encargado de avisar al ángel del amor y una vez avisado él iba a las casas donde había familias divididas, personas que vivían en soledad, a los niños que son egoístas, a los enfermos y a todos aquellos que lo necesitaban, después el ángel volvía a su estrella.

Por fin llegamos a una estrella más grande y alejada, donde el frío era insoportable. Allí estaban todos mis amigos y también yo, me quedé perplejo.

-¿Qué hacemos aquí?

-Mira, observa y guarda silencio, luego piensa.

Vi como mis amigos me decían Habichuelín con cariño, pero al ver que yo me enfadaba seguían metiéndose conmigo.

Cuando me invitaban a jugar a fútbol, parchís, correr o saltar, cantar o tocar algún instrumento… Enfadado, me iba a casa y los dejaba tirados, me lamentaba de ser una habichuela pequeña y narizota.

-¿Por qué mis padres no me habrán hecho más alta y guapa?

Me quedé pensativa un rato, cuando deje estar pensativa, mire y vi que “Pequeñín” dormía plácidamente, me acurruqué a su lado muy despacito para no despertarlo, cerré los ojos y tuve como una especie de sopor, no era sueño, donde vi que mis amigos estaban preocupados porque no sabían nada de mí y me echaban de menos para jugar.

Abrí los ojos y me di cuenta que mis amigos se aburrían sin mi, que me llamaban Habichuelín de forma cariñosa pero yo no era capaz de comprender. Ahora lo entendía todo. Besé su alita despacito para no despertarle, y agradecí de todo corazón la forma en que me había hecho caer en mi error.

Cuando despertó mi querido amigo ángel, me llevo a la estrella más bonita, la más luminosa de cuantas hay en el universo, se llamaba Estrella de Belén, en su interior estaban todos los niños del mundo, blancos, negros, gitanos, asiáticos… no faltaba ni uno. Todos alegres, riendo, jugando, felices, por eso era la estrella de Belén, la que ayuda a llegar al portal.

Bondad me cogió las manos, me abrazó y nos lanzamos a través del espacio hasta llegar a la tierra.

De vuelta en mi habitación mi ángel se volvió miga de pan. Lo puse en mi estantería.

Mamá me llamó era la hora de la merienda y mis amigos me estaban esperando. -¿Te pasa algo Habichuelín?, preguntó mi mamá.

-¿Como podía contarle mi experiencia?, decidí no decir nada. Pero a partir de ahora no me enfadaría con mis amigos, sería más alegre y amigable.

Habichuelín comete la merienda, y estirando la mano me acercó pan y chocolate.

-¿Qué tienes en el flequillo? ¿Parece un trozo de estrella?

-Yo, ummm-, ¡qué rico está el chocolate!

Este cuento lo creamos mis hijas Esther,  Inma  y yo porque Inma era más bien “malilla” para comer.

 

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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Muchas gracias por su aportación. Un cordial saludo

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