Reflexión al evangelio de Juan 15, 9-7, – VI de Pascua–Pascua del enfermo


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

 

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Que nos amemos unos a otros. ¡Cómo si fuera tan fácil! ¿Tengo que amar al vecino que me vuelve la cara en la escalera? ¿Tengo que amar al político que dice que no hay dinero para unas cosas y se gasta ese mismo dinero en otras? ¿Tengo que amar al marido que me ningunea o a la esposa que no me escucha? ¿Tengo que amar al terrorista, al asesino, al maltratador? ¿Tengo que amar al homosexual, a la prostituta, al enfermo, al inmigrante? ¿Por qué tengo que amar?
Es difícil. Pensadlo seriamente. Mantener en activo este mandamiento es casi imposible. Sobre todo en estos tiempos que estamos viviendo en los que cada día aparece alguien que es candidato a que pensemos lo peor de esa persona. Tiempos oscuros en que cada día, incluso cada hora, pasa algo negativo que nos afecta a todos de alguna manera.
¿Habéis oído hablar alguna vez del efecto mariposa? Esta teoría dice que una mariposa que bata sus alas en el Pacífico podrá hacer que el aire que desprenden sus alas llegue a cualquier parte del mundo. Algo así como como la idea que se nos presenta en la película Cadena de favores, ¿la habéis visto? Hagamos cada día por amar a los más cercanos, por hacer por ellos sólo y únicamente cosas buenas, cosas positivas, que reciban siempre nuestros actos como ejemplos a seguir. Dicho de otro modo, plantemos buena semilla. Que se contagie nuestra manera de ser. Que poco a poco, como quien no quiere la cosa, nos amemos los unos a los otros. Puede que nuestro ejemplo cunda, que se extienda, que se imite… Poco a poco. Esto no será de la noche a la mañana. Las cosas no cambian por arte de magia, nunca ha sido así. Pero paso a paso, día a día, favor a favor… y quizá, sólo quizá, pero es algo el mundo cambie. Porque otro mundo es posible siempre y cuando lo queramos y luchemos por él. Pero luchar con un arma, con una única ley: amaos los unos a los otros.
Sofista

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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