Antonio Machado


Una noche de verano

–estaba abierto el balcón

y la puerta de mi casa–

la muerte en mi casa entró.

Se fue acercando a su lecho

–ni siquiera me miró–,

con unos dedos muy finos,

algo muy tenue rompió.

Silenciosa y sin mirarme,

la muerte otra vez pasó

delante de mí. ¿Qué has hecho?

La muerte no respondió.

Mi niña quedo tranquila,

dolido mi corazón,

¡Ay, lo que la muerte ha roto

era un hilo entre los dos.

Los caminitos blancos

se cruzan y se alejan,

buscando los dispersos caseríos

del valle de la sierra.

Camino de los campos.

¡Ay, ya no puedo caminar con ella!

corazonnnn

Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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