El diamante


Un rey que vivía en Irlanda heredó un diamante de gran belleza. No existía un diamante mayor en ningún lugar del planeta.
El rey enseñaba su joya a todos los que desearan verla, la custodiaban sus mejores y más leales guardias.
Los reyes de otros países le tenían envidia porque aparte de tener el diamante más grande, su país prosperaba más que los demás. El rey estaba muy satisfecho de su suerte, que atribuía al diamante, y sobre todo, lo bien que le iba todo.
Una mañana uno de los guardias le dijo al rey que en el diamante habían descubierto una grieta que de abrirse lo dividiría en dos. El rey tembló y lloró y fue veloz a ver su diamante.
Quedó perplejo, anonadado, su diamante era cruzado por una gran grieta. Rápidamente llamó a todos los joyeros de su reino y también del reino vecino. Todos le dieron noticias negativas, no tenía arreglo y si lo intentaban podía abrirse o fragmentarse en diferentes trozos.
El rey se retiró a sus aposentos para reflexionar y decidir que solución tomar.
Un viejo joyero se le acercó y le dijo que en una semana podía repararlo.
El rey no podía creer lo que sus oídos escuchaban, un joyero se ofrecía para intentar arreglarlo.
El rey después de meditar, accedió a la petición del joyero,pero puso como condición que el diamante no saldría del palacio.
El joyero accedió a la petición del rey, improvisó un taller en palacio y aceptó que unos guardias vigilasen continuamente la joya.
Cada día el rey iba a a la puerta del improvisado taller y se quedaba horas en la puerta oyendo como el joyero trabajaba en su joya.
Después de una semana, el viejo joyero salió de la habitación. El rey se lanzó hacia el interior y quedó boquiabierto. Las lágrimas corrieron por sus mejillas. Su diamante estaba precioso, era magnifico, mejor que antes.
El viejo joyero había hecho del diamante una rosa con su tallo.
El rey emocionado le preguntó:
-¿Cómo lo has conseguido?, todos los joyeros dijeron que no había solución.
-El hombre contestó: He cincelado el diamante con amor, paciencia y ternura, el resultado sólo podría ser “perfecto”.

 

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Acerca de El Taller de la Serenidad "Locus Serenitatis"

Aprendiz de todo y maestra de nada en constante evolución. Aprendo, practico y comparto. Conocerse a sí mismo es el mayor saber. Galileo Galilei
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